Usted está en : Portada : Mundo del Agro Sábado 5 de marzo de 2005

Maruja, la musa de Camilo Mori vuelve a Valparaíso

Camilo Mori 1924, autorretrato.

Por Carlos Lastarria H.

 

El océano infinito que baña la bahía de Valparaíso los vuelve a reunir. Dentro de pocos días cuando marzo anuncie la llegada de las primeras nieblas las cenizas de Maruja Vargas serán lanzadas al mar para reunirse con las de su esposo el famoso y porteño artista pintor Camilo Mori Serrano. Camilo Mori falleció en 1973 y Maruja junto a familiares y fraternales amigos lanzó al mar las cenizas de Camilo, desde entonces contemplaba constantemente el mar y su perpetuo movimiento desde su casa en el cerro Bellavista ubicada al costado del ascensor. Maruja a partido para siempre a la edad de 104 años de una intensa vida en la que actuó siempre como esposa del pintor,modelo, musa y testigo de los más trascendentales cambios que ha tenido la pintura chilena desde 1923. Ese año marca la partida de la denominada "Generación del 23" la que junto a la "Generación del 28" darían vida al "Grupo Montparnasse" llamado así porque sus integrantes se desarrollaron en Francia viviendo en el barrio parisino del mismo nombre.

Pero también el '23 daría vida a otra historia intesamente relacionada con el arte. Ese año se casaron Camino y Maruja. El pintor ya un porteño destacado se enamoró de la hermosa y altiva Maruja. Un amor correspondido y vigente durante toda sus vidas. Ella era hija del prefecto de policía de Valparaíso y vivía cual princesa en el Palacio Polanco sede de la policía y residencia de su máxima autoridad. Rompiendo la desconfianza paterna que no veía con buenos ojos esa amistad asumieron que vivirían juntos toda la vida. Juntos marcharon a París donde Maruja fue el centro del grupo de artistas chilenos y una verdadera embajadora femenina que se relacionaba con todo el mundo cultural y bohemio de esa nación centro universal de las artes en el período de entre guerras. Maruja era el alma del movimiento y como musa inspiradora le dio tema a Camilo para su obras. Este le pintó infinitas veces desde la célebre "Viajera" hasta la Maruja de cabellos encandecidos de los setenta.

En las tertulias porteñas, muchas en sus casas o en la de Neruda, Camino solía decir que ellos vivían en Bellavista y Bellavista haciendo alusión al cerro en Valparaíso y al barrio santiguino donde tenían su otra casa. Pasaban largas temporadas en nuestra ciudad. Camino siempre atento a lo que acontecía en Valparaíso estimulaba y ayudaba a los artistas locales y en gran medida fue el impulsor de la "Generación Porteña" y siempre acompañado de Maruja. Ella después de la partida de Camilo siguió pasando largas temporadas en Valparaíso. Su figura era inconfundible. Alta y erguida pese a sus años, con su cabellera blanca y muy bien peinada, arreglada con esmero pero con sobriedad. Su largo vestido negro o de tonos oscuros, un coqueto chal sobre sus hombros y su bastón lo hacían parecer un personaje sacado de una novela romántica cuando circulaba por las calles del centro de la ciudad.

Maruja Vargas se constituyó en un ícono de la historia del arte nacional. No podía ser de otra manera. Fue rebelde desde joven. Conoció a Camilo por medio de su hermano Luis Vargas Rosas que era compañero de este en la Escuela de Bellas Artes de la capital. Ella es "La viajera" pintada en 1928 y presentada al Salón Oficial donde obtuvo el Premio de Honor. De el fluye un aire de melancolía, de tristeza contenida, de misterio que anticipaba las búsqueda infinitas que orientarían al artista durante toda su trayectoria. El cuadro ha sido tan famoso que hasta circuló en un sello de correos en los años ochenta aumentando la valoración universal de la obra de Camilo. Entre los muchos retratos de Maruja se sitúa "Maruja en París" de 1946. Allí predomina el ambiente que rodea a la figura. Muestra su pasion por la libertad y el color pero sin perder los razgos íntimos que afloran en la imagen de su mujer y su musa. El balcón de la casa del cerro Bellavista ha quedado vacío, ya no podremos escuchar sus interesantes relatos de su vida en París y otros lugares de Europa, no sabremos más de la vida íntima de la pintura chilena relatada por ella que vivió intensamente por décadas el quehacer cultural de Chile y del viejo continente, sin embargo veremos cómo el océano se llene de colores cuando sus cenizas se junten con las de Camilo.

 
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