Usted está en : Portada : Deportes Miércoles 28 de septiembre de 2005

Guillermo "Hallulla" Muñoz

Delantero de rica técnica y capacidad goleadora, catapultado

por Wanderers, fue ídolo en La Coruña y se encaminaba a ser un

superclase, pero una lesión lo impidió

Estadio Riazor, octubre de 1974, vistiendo los colores de La Coruña.

por Eduardo Poblete Araya

 

 

"¿Qué por qué me bautizaron "Hallulla"? Mi padre era panificador,

tenía un horno de barro en Panquehue. Su especialidad eran las

hallullas con chicharrones. Heredé el mote y así me di a conocer

en Wanderers", señala Guillermo Muñoz, reflexión matizada con

una sonrisa que sirve para aliviar el duro momento personal por

el que atraviesa el otrora delantero caturro. Al margen de sus

dificultades para flectar la rodilla derecha, producto de una

severa lesión sufrida a causa de la deslealtad de un propio compañero

de equipo, el popular "Hallulla" no vive precisamente días felices

como futbolista retirado.

Hace casi un lustro, su esposa enfermó de cáncer y su suegro

también enfermó de gravedad, debiendo asumir él la administración

de un pequeño negocio de abarrotes ubicado en el cerro Cordillera,

único sustento de su familia por estos días. "Y como usted sabe,

la situación económica en Valparaíso hace rato que no es de las

mejores. El movimiento en el negocio es lento. Y al margen de

los gastos de la casa, debo pagarle la universidad a mi hija

y el colegio a mi hijo. Lamentablemente en la época que yo jugué,

no se pagaban los sueldos de hoy", agrega Muñoz, con un tono

de aflicción que pronto es superado por una increíble inyección

de autoánimo. "La vida es así. Se nos pone a prueba y tenemos

que ser capaces de pasar la mala", señala el ex delantero caturro,

con una entereza digna de admiración.

LOS COMIENZOS

"Yo tengo dos amores futbolísticos, Wanderers y Unión San Felipe.

En las juveniles de San Felipe, me vio don Luis Santibáñez. Me

fueron a ver de Wanderers y quedé de inmediato. Mi llegada a

Valparaíso me marcó. El recuerdo que tengo de su gente, de los

compañeros de equipo y del presidente, don Jorge Lafrentz padre,

son las mejores. De otros dirigentes no tengo muy buena opinión,

porque en la época que yo jugué, había muchos problemas económicos,

nos quedaban debiendo sueldos y eso es malo para la actividad",

señala Muñoz. "Yo era zurdo, fuerte, rápido, tenía buen disparo

de distancia. Hice un promedio de 10 goles por temporada, en

un equipo que era de medianía de tabla no más, porque después

de 1968, Wanderers bajó notoriamente en su desempeño. De todas

maneras, me acuerdo de Oscar Avellán, Ricardo Werlinger, Antonio

Escudero, Carlos Herrera, Carlos Guerra, el peruano Saba, Reinaldo

Hoffman, Juanito Olivares, Alberto Ferrero, Vicente Cantatore.

Cuando llegué, tuve muy buena sintonía con los sobrevivientes

del plantel campeón de 1968", cuenta "Hallulla".

LA SELECCION

Contemporáneo de una muy buena generación de futbolistas, sus

destacadas actuaciones con la camiseta de Wanderers le valieron

ser nominado a la Selección Chilena, que en 1973, disputó las

clasificatorias para el Mundial de Alemania '74. Muñoz debió

luchar ante Carlos Caszely, Sergio Ahumada, Leonardo Véliz y

Francisco "Chamaco" Valdés -entre otros- para ganarse un espacio

en el cuadro adiestrado por Luis "Zorro" Alamos.

"Estuve permanentemente convocado. Tal vez no jugué muchos partidos,

pero don Luis (Alamos) siempre me tuvo mucha consideración. Mis

buenas actuaciones por Wanderers motivaron mis llamados a la

Selección. Además, era una época de muy buenos jugadores", indica

Muñoz.

EL 0 A 0 EN MOSCÚ

Uno de los pasajes más relevantes en la vida futbolística del

"Hallulla" Muñoz, dice relación con ese mítico empate sin goles

entre Rusia y Chile en el estadio Olímpico de Moscú. La convulsión

política vivida en septiembre de 1973 en nuestro país, motivó

que ese duelo deportivo, tuviese otro tipo de ribetes. "Estuve

con el equipo aquel, pero no pude jugar, por una lesión en mi

pierna izquierda. Igual en el aeropuerto, nos recibieron unos

500 hinchas chilenos. Había mucha guardia, mucho policía. Tuvimos

como chofer del bus a una persona que hablaba español. Todo bien

hasta ahí. Pero después nos cambiaron al conductor. Este otro

no hablaba una pizca de español. Hubo problemas con el pasaporte

de Elías (Figueroa) y de Carlos (Caszely), por un tema de un

timbre y una foto sin bigote de este último. Fue todo muy tenso,

por el ambiente externo y por lo que ocurría en Chile. Y el partido

fue muy complicado, porque ellos basaban su juego en la velocidad

de sus atacantes. De todas maneras, tuvimos a Juanito Olivares

inspirado, y a la dupla de centrales, Elías (Figueroa) y Alberto

(Quintano) muy firmes, impasables. Al final incluso, pudimos

haber ganado, con dos escapadas de Caszely y (Sergio) Ahumada,

que casi fueron goles", recuerda con entusiasmo.

Pero esta compleja añoranza de Muñoz también tuvo su lado más

amable. "No todo fue tensión en Moscú. Con los muchachos quedamos

impresionados por la belleza de sus construcciones, la arquitectura,

el Metro, el orden y la limpieza. Fuimos a ver el ballet Bolshoi,

visitamos la tumba de Lenin y contrariamente a lo que se nos

decía en Chile, Moscú estaba lleno de turistas de todos lados,

europeos, americanos y asiáticos".

CIELO E INFIERNO EN LA CORUÑA

Guillermo Muñoz destacaba por su buen accionar en Wanderers y

los caturros, emprendieron una gira a España.

"De seis partidos que jugamos, perdimos uno solo. Jugábamos

con el Osasuna y en el entretiempo de ese partido, fui vendido

a La Coruña, en 250 mil dólares. Cuando digo que no tengo buenos

recuerdos de algunos dirigentes, es porque hasta la fecha, nunca

recibí el 15% que me correspondía por la venta de mi pase. Pero

lo importante fue que entré muy bien a ese equipo, que estaba

en la segunda división", adelanta el "Hallulla", para luego hacer

una pausa y recordar un episodio imborrable y doloroso de su

carrera. "Fue en un partido de pretemporada, en agosto de 1974.

Hice cuatro goles en la práctica. Después, entrenamos por la

tarde. Ahí, un compañero, defensa central de apellido Vidal,

me entró muy fuerte, molesto quizás porque en el duelo de la

mañana, superé su marca muchas veces. Pensé en el momento, que

había sido un problema de menisco. Pero en la primera operación,

me abrieron la pierna entera y ahí me dijeron que tenía comprometidos

meniscos, rótula, rodilla, se rompieron los ligamentos; fue tremendo.

A Vidal lo echaron y a mí se me cortó la carrera. Fue lamentable,

porque pude ser el primer chileno en el Real Madrid. Un dirigente

de La Coruña me dijo que me estaban siguiendo de ese club, porque

mi desempeño en la liga española había sido muy bueno. Jugué

de "10", no de centrodelantero y marqué 25 goles. Habría sido

mi techo, siguiendo los consejos de mi compañero Eduardo "Hualo"

Herrera, quien siempre me conminó a superar metas. Pero ese lamentable

accidente, truncó mis expectativas", relata emocionado.

EL RETORNO A CHILE

Muñoz se mantuvo cuatro años más en España -La Coruña le renovó

contrato a pesar de su convalecencia- y emprendió el retorno

a Chile. "Regresé a Wanderers, pero no fue lo mismo, por las

secuelas de mi lesión. Luego me fui seis meses a Universidad

Católica, pero tampoco resultó. Terminé en Unión San Felipe y

me retiré con orgullo, porque en algo ayudé a que el equipo se

salvara del descenso en el año 1982", apunta.

Vino luego la dura etapa del retiro. "No gané plata en el fútbol.

A mi regreso de España, llegué con pesetas y esa moneda no valía

nada en Chile. Me olvidé completamente del fútbol, a pesar que

alguna vez intenté incursionar como entrenador, partiendo por

el campo amateur", se queja el otrora goleador caturro.

 

 
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