Usted está en : Portada : Crónica Sábado 5 de enero de 2008

Humoristas de todos los tiempos nos han alegrado el almanaque

Tuto Lara

Si "el humor es remedio infalible", como lo aseguraba una inolvidable publicación norteamericana, nuestra zona ha sido privilegiada con la visita de los más consagrados doctores del chacoteo.

Entre los facultativos más connotados está, sin duda, Daniel Vilches, para quienes gustan del humor a nivel "académico".

Le vimos por primera vez en medio del elenco de Mino Valdés en "El Gordito de la Noche", del empresario Jorge Valdivia, en el malogrado Teatro Avenida, por los años '60.

En medio de una cultura en que el garabato era la última herramienta del "roto picante", surgió Vilches con su "boquita de señorita".

Lo peor que le podía ocurrir a un espectador era llegar tarde a la función del Gordito. Como se accedía a la platea por los costados del escenario, Daniel El Travieso los "cachaba" y de inmediato los subía y bajaba, sacando uno y mil motivos por los cuales ese espectador estaba llegando tarde al teatro.

La platea no reía, "estallaba en risas". Lo de "gorreado" era la dedicatoria más suave para el infortunado.

Luego esa víctima podía pasar por la inspiración de un Pepe Harold, que ya pintaba calva en ese entonces, o del propio Mino, campeones nacionales de la talla a flor de labios.

ENOJADO

Conocer a Daniel Vilches fuera del escenario es otra persona. Siempre impecable. Cuidado en el vocabulario, aunque usted no lo crea.

En cierta oportunidad me contaba un grave problema que estaba viviendo el mantener una compañía de revistas, como la de él, en Santiago.

A medida que contaba lo sucedido, agudizaba todos los gestos y palabras de actor comediante. En un momento dado, cuando más serio parecía estar, yo no me aguanté más y me puse a reír..

"Deja de reírte, h...., que te estoy hablando en serio,", me llamó la atención.

Es que es casi imposible para cualquier mortal separar al gran actor cómico que es Daniel Vilches del empresario.

BROMISTA

Un galeno de la risa que también gustaba mucho de la zona costera Eduardo Thompson, fallecido el año que recién se nos fue.

Partió como baterista en el Bim Bam Bum, para más tarde darle como caja al buen humor.

Nos contaba que en su época de empleado tipo goma (para todo servicio) de dicho espectáculo, existía un público muy diferente al de ahora.

"Hoy la gente ríe y aplaude. Hasta ahí llega. En los tiempos de la bohemia los bravos para la talla pagaban entrada para tratar de lucirse a costa del pobre humorista", recordaba.

En una de esas temporadas se toparon con un espectadores fuera de serie: "Era muy rápido para las tallas. Podía perjudicar cualquier rutina. Hasta que tuvimos que inventar una estrategia para acallarlo. En medio de una función, cuando este gallo estaba más pesado que nunca, un compadre del teatro se encargó de cortar la luz. Yo tomé un balde con agua y lo bañé entero. Pasaron unos segundos y volvió la luz. El chistoso, mojado de pies a cabeza, no molestó nunca más".

LIGERO DE GENIO

¡Como no recordar también a Carlos Helo! Tuvo mil actuaciones en el Fortín Prat y salas locales.

Su ingenio como creador de chistes le llevó a ser el padrino de los más importantes humoristas nacionales. De cualquier situación podía generar una decena de situaciones para reír. ¡Te perdiste el Transantiago, Carlitos!.

El artista, eso sí, tenía su genio. Le causaban profundo malestar los garzones ruidosos cuando él estaba actuando. Solía lanzarse las tallas más pesadas.

En el verano del '77, en un gran momento de su carrera, actuó en el Festival de la Canción de Viña del Mar. Se orquestó una campaña en su contra diciendo que hacía humor a costa de los argentinos que nos visitaban.

En medio de la actuación, muy tensa, se escuchó el grito solitario y "rarito" de un sujeto de la galería.

Como un relámpago, Carlos Helo le respondió: "Y ahora siéntate en el otro"... Un latigazo que arrancó aplausos.

MARATONICO

Helo está ligado a la historia de Radio Festival. En el '76, al surgir la emisora viñamarina, él aportaba chistes y palabras graciosas para toda la programación.

Su trabajo no era fácil, por cierto. En un solo día de visita a los estudios de la emisora, se grababa el trabajo "de un mes". Esa gracia sólo la hacen los grandes de verdad. Terminaba más estrujado que limón en curanto.

VICTIMA

Chicho Azúa es el Dorian Grey del humor. Por décadas es siempre el mismo. "Su rutina también", dicen sus admiradores. Pero chistoso a más no poder.

Una vez, eso sí, le vimos muy serio. Estaba ofreciendo su rutina en un local de calle Villanelo en Viña del Mar. Tuvo el "infortunio" de toparse en el escenario con una orquesta donde proliferaban los "jugos de perno".

En medio de su show, Chicho, luego de aclarar que sólo contaría chistes de salón ("pero de salón de casa de p....", aclaraba), solía colocarse una peluca para imitar a un cantante italiano.

Aquella noche se llevó una sorpresa. Cuando su rutina estaba en su momento peak, echó mano a la peluca que había dejado en una silla previamente, y en segundo quedó blanco de pies a cabeza. Un gracioso de la orquesta, sin que él se percatara, había vaciado un envase con polvos talcos en su peluquín.

Chicho Azúa miró con furia a sus "amables colegas y amigos", pero, con un par de "rosarios" de grueso calibre a los músicos, se repuso y continuó con el show más empolvado que un Berlín.

EL BIGOTAZO

En la historia del humor en la zona, Edmundo "Bigote" Arrocet figura con letras de oro en el Festival de la Canción de Viña del Mar.

Con su "Juístete, juístete, juístete y no gorviste", fue la sensación del momento. Llegó como un perfecto desconocido y salió de la Quinta Vergara convertido en ídolo.

¡Hasta el mismísimo Gordito de la Noche lo tuvo en su escenario!

En 1974, Bigote cantó "Libre" en pleno gobierno militar. Los partidarios de Pinochet tomaron la canción como un homenaje al general.

Hasta hoy, Arrocet, radicado en Madrid, sostiene que cantó "Libre" sólo "con la idea de tributarle un homenaje a Nino Bravo".

GRATITUD

Humoristas del nivel de Coco Legrand, que en sus comienzos también hizo sus primeras armas en el Avenida para más tarde tener una oportunidad en la Quinta Vergara, como también el chacoteo de Pujillay, de Alvaro Salas y de Charola Pizarro, han contribuido por décadas a mejorar el estado de ánimo de porteños y viñamarinos.

Si hasta desde Playa Ancha, bajo una carpa con mas hoyos que género, surgió uno de los espectáculos humorísticos con mayor permanencia en el tiempo: el circo Timoteo.

Como Valparaíso es pionera en tantas cosas, sólo le está faltando una cátedra universitaria sobre el humor.

 
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