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Martes 4 de noviembre de 2008
Mujeres, copas y gatos

CARLOS LASTARRIA H.

La muestra que presenta Silvia Garcés Rivadeneira, en la Antesala de la Corporación Cultural de Viña del Mar, está centrada en el universo femenino. Pero, no en un mundo de formalidades y de aspectos tradicionales, sino que se sitúa en las márgenes de lo formal, para incursionar en ambientes que pueden ser catalogados de marginales. Incursiona en la pintura creando, o más bien recreando lugares, sitios y ambientes no convencionales donde están presentes sólo mujeres, copas y gatos. Mujeres de todos los tipos y gatos de todas las razas.

Sus mujeres aparecen semi desnudas, insinuantes, atractivas o provocadoras. Por ello hay un erotismo visual presente en las expresiones y en las poses y actitudes de sus modelos. Apunta a lo lúdico, a lo irreverente, pero sin dejar de lado cierto humor. Humor que emana de la complicidad de sus retratadas con el espectador, el que de pronto puede transformarse de observador en un mirón. Hay en sus cuadros una metáfora de complaciente sensualidad entre las figuras, las copas y las poses y juguetonas miradas de los gatos.

Perfectamente se encuentra en sus cuadros un atrevimiento pictórico, un diagnóstico de sueños y anhelos de ser y de ver. Ser mujer como las representadas y ver mujeres como ésas sin llegar a lo ofensivo o a la denigración del género. Otro elemento que conjuga con sus modelos es el de los ambientes. Estos son de dos tipos. Ambientes externos o naturales y ambientes de interiores o íntimos.

En los ambientes externos incorpora fundamentalmente la naturaleza. Una naturaleza exuberante acorde con la voluptuosidad de sus mujeres. Jardines imaginarios, bosques, matorrales, ríos y laderas de cerros donde aparecen o están recostadas las figuras formando parte de esa naturaleza. Sus pinturas sacuden cierta armonía preestablecida. Son lo contrario de lo redondeado y acariciante. El interior femenino aflora al exterior en su cruda verdad implacable.

En sus modelos se capta de cómo el tiempo va desdibujando las bellas facciones de la juventud. Se nota que "el paso del tiempo marcaron su ser". Busca en la introspección los aspectos que como artista escudriñadora extrae de sus modelos, para mostrarlas sin las máscaras cuidadas y maquilladas que muchas llevan y que no dejan ver su interior. Interior que se oculta tras la opulencia de sus desnudos.

En esos temas de exteriores hay algo de naif, por el concepto de la composición. En los interiores, en cambio, con elementos fovistas o expresionistas juega con espacios más limitados e intimistas. Mujeres frente al espejo, delante de una mesa bien servida donde el busto de la mujer pasa a ser el manjar principal. Recostadas insinuantes sobre sofás rojos, en camas con brocatos bordados o junto a una ventana donde se ve el mar lejano. Una figura de espaldas sobre un sillón donde se aprecia, especialmente desde la cintura hacia abajo o simplemente de frente, como una con el escote en rojo y que cae de lleno en la erótica pictórica.

En algunas pinturas su temática se acerca mucho al mundo del tango y del bar. Como aquel de dos mujeres en una barra o los dos desnudos en una cama u otro de una figura bebiendo frente al espejo, donde no sólo se retrata toda su opulencia física sino que también su expresión interior. Pero también se aproxima al burdel. Hay por lo tanto rasgos íntimos y sicológicos que afloran de los rostros de sus modelos.

Atrevimientos, insinuaciones, burla, complicidad, atracción y cierta melancolía. Pictóricamente asume un desajuste frente al desnudo tradicional, puede que al comienzo choque ante ciertas miradas y pareciera que ofendiera con su expresión, porque son las pasiones y sentimientos más profundos y ocultos, caracteres femeninos lejos de un idealismo excesivo. Conceptualmente prima lo decorativo más que un mensaje implícito, cualquiera que éste pudiese ser. Juega con los elementos adicionales a las figuras con cierta dosis de ironía no exenta de algo de crítica a su género.