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Martes 18 de noviembre de 2008
Concurso Arte Joven 2008

carlos lastarria h.

A duras penas, el Concurso Nacional de Arte Joven que organiza la Dirección de Extensión de la Universidad de Valparaíso ha llegado a los treinta años. Ya nada queda del espíritu inicial y de sus grandes momentos en la década de los '80, cuando eran cientos los artistas jóvenes, pintores, escultores y grabadores que llegaban llenos de entusiasmo por este certamen, procedentes de diversas regiones, de la capital y fundamentalmente de Valparaíso.

Como todo concurso, ha pasado por diferentes épocas en que las manifestaciones artísticas han sido complejas y los niveles no siempre ascendentes. Pero el concurso registra un sostenido decaimiento desde hace unos cinco años. Cada vez menos interés, privilegio de algunas expresiones no consolidadas y cierto aire especulativo en las propuestas, le han hecho perder el vigor y el ser realmente una vitrina del quehacer artístico nacional de los jóvenes creadores.

Hubo una época en que incluso fue necesario contar con tres grandes espacios de exposiciones en la ciudad y cercanos a la Sala El Farol para poder exhibir todo lo que seleccionaban los jurados.

Ahora les basta la pequeña sala universitaria y la sala de muestras transitorias de la Casa Museo de "La Sebastiana". A bastante distancia una de la otra, lo que hace difícil seguir ese circuito que, por lo demás, no ofrece ni novedades ni suficiente calidad.

En esta versión, sin duda los principales nombres pasarán, tal como en los años precedentes, al triste olvido y sin ganarse un espacio en las artes nacionales. Lo que se seleccionó corresponde a expresiones donde prima la informalidad, la poca consistencia técnica y sobre todo la ausencia de contenidos estéticos en beneficio de una factura elemental, improvisada y hasta desechable. Eso se nota especialmente en lo que podría denominarse como esculturas.

En la Sala El Farol se destacan muy pocos. Entre esos escasos, cual figura fuera de serie, se ubica Roberto Acosta, con dos obras conocidas en grabado. Demás está recordar que no sólo posee oficio y seriedad en sus técnicas, sino que ya se ha consolidado como una importante figura en el grabado regional. Es capaz de aplicar tanto las técnicas tradicionales como también las experimentales, con excelentes resultados.

Son rescatables los trabajos de Johanna Cofré, Rosie Beas, Osvaldo Calvo, Paulina Carrasco y Cristóbal Riffo. Demuestran poseer imaginación, un tratamiento adecuado a las ideas que quieren expresar y un oficio que denota habilidad en la aplicación de los materiales empleados para la realización de sus trabajos.

Poco es lo rescatable. Cualquier colegio o liceo podría ofrecer una muestra escolar de mejores resultados y más audacia que la de este concurso.

En otros tiempos, dada la gran cantidad de obras seleccionadas se hacían necesarias una serie de hasta tres críticas seguidas para abordar plenamente el concurso. Ahora una incluso queda grande. Más aún que en la actualidad ya ni siquiera se editan catálogos del concurso, por lo que se carece de un registro para posteriores estudios.

Al parecer, en la Universidad de Valparaíso no ven ni quieren saber cuan bajo ha llegado este concurso. En esta materia les ha faltado la sana autocrítica. Se han cerrado a las opiniones críticas externas y el concurso más que ser un reflejo del arte joven nacional es un reflejo de los criterios de extensión y difusión de la propia universidad y de su conocida crisis institucional.