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Sábado 14 de febrero de 2009
El único que sufre es el cochayuyo
Este tradicional producto, que se ofrece en el camino costero, tiene escasos consumidores

ADITA GONZÁLEZ

Los vendedores de cochayuyo son prácticamente parte del paisaje de la ruta costera. Esas algas, terror de todos los niños, pero que los padres siempre tienden a preparar alguna vez en la vida, se han convertido en casi un producto con denominación de origen en Concón.

Pese a la mala fama entre los peques, el cochayuyo siempre lograba ser introducido de alguna manera en las comidas, oculto entre papas fritas a cuadritos, en un fricasé o bien en algún guiso donde algunos trozos de carne eran "diferentes". La cosa es que antes se comía harto cochayuyo.

Sin embargo, el panorama hoy es diferente. Los vendedores de cochayuyo se quejan de que la gente compra cada vez menos y el trabajo se torna poco rentable.

NO VENDE

Uno de los personajes más característicos es el que está casi al filo del límite con Reñaca. Lleva 60 años dedicado al negocio del cochayuyo. "La cosa ha estado mala, ayer no vendí nada, y hoy tampoco", señala.

Pero no importando el negro escenario, este hombre es optimista, y piensa que como son los santiaguinos sus principales clientes, cuando éstos estén por irse de vuelta a su ciudad, pasarán a comprar las tradicionales algas.

Este hombre vende cochayuyo y luche, esta última alga, es más extraña y por lo tanto más apetecida.

TIEMPO

Para quienes no conocen el proceso del cochayuyo, no vayan a pensar que éste viene así, empaquetado. No.

Primero se sacan las algas del mar, luego se dejan estilando en las rocas por un par de día, para que boten el agua y se puedan trasladar. Después hay que esperar cerca de 30 días para que se seque completamente y adquiera el color con que es conocido.

"Sólo se puede sacar del mar, cuando la mar está calma, ahora ni pensarlo, porque está muy picada, muy brava, no tiene que haber ni viento", comenta el vendedor.