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Martes 6 de octubre de 2009
La Plaza del Orden

Uno de los sectores más importantes en la configuración urbana de Valparaíso es la actual plaza Aníbal Pinto, lugar donde confluyen la calle Esmeralda, viniendo desde el Puerto; Cumming y Almirante Montt, desde el cerro; y desde allí surgen Condell y O'Higgins, esta última semi peatonal.

El lugar tiene valor patrimonial tanto por las construcciones de su entorno como por ser un punto donde se inició el terreno ganado al mar.

La plaza Aníbal Pinto aparece entre las primeras imágenes que se tienen de la ciudad. Antes de ser un espacio público era solo un roquerío en donde reventaban las grandes olas de los temporales.

Hasta hace poco, en los muros de edificios circundantes había placas metálicas que indicaban el nivel de las altas mareas. Primitivamente se le conoció como la Plaza del Orden y, desde mediados del siglo XIX, existen grabados, litografías y pinturas que muestran cómo era ese lugar.

Siempre hubo una construcción que enfrentaba la plaza. La primitiva tenía dos pisos; la actual, tres y data de fines del siglo antepasado.

Diversos jardines y hasta palmeras contribuyen a la fisonomía de la plaza. En uno de sus costados se ubica la actual Intendencia. Antes hubo allí casas viejas que albergaron míticos bares porteños, como El Alemán, el Bavaria y el viejo Pajarito. Al otro lado del pasaje peatonal Melgarejo se ubica el edificio donde por décadas funcionó el Café Riquet, hoy sólo un nostálgico recuerdo del viejo Valparaíso.

En el otro lado se levanta la sólida e imponente construcción, de los años '40, del flamante edificio de la Cooperativa Vitalicia. En su momento fue el más moderno de la ciudad, con sus 18 pisos. Su costo fue de 25 millones de pesos. Una gran inversión para esos años y un gran aporte al modernismo arquitectónico de la ciudad. Su construcción no sólo fue un desafío en la ingeniería, sino que se enfrentaron a la oposición de quienes temían que quitara la vista desde el cementerio del cerro Panteón.

En el otro lado, tal como se ve en la antigua fotografía con la que se acompaña esta nota, se aprecia la construcción donde se asienta el Bar Cinzano, donde el tango es el rey de la noche. A su lado existió otro gran y tradicional bar, el Neptuno. Más allá hubo un ascensor que llevaba hasta el paseo Atkinson. El ascensor Esmeralda, que se construyó en 1905, no alcanzó a completar medio siglo y desapareció totalmente. No hay rastros de él y ningún intento por reponerlo. En la parte alta del paseo hubo casas que ya no existen.

Lo más valioso de la plaza es, sin duda, la Fuente de Neptuno. Fue diseñada en Francia en 1856 por Vital Dubray y es de fierro fundido. Se instaló en la plaza al inicio de la década del '30 y representa al dios de los mares, el que, armado de su tridente, está acompañado por dos dragones y al parecer demuestra su furia con el maltrato y los daños publicitarios y de los seudos espectáculos que se presentan en la plaza. De su origen sólo se sabe que la trajo a Valparaíso don Juan Brown, quien posteriormente la donó a la ciudad.

Cuánto ha pasado por ese lugar de la ciudad desde el lejano tiempo en que la calle O'Higgins sólo era un incipiente relleno, ganándole espacios al mar. Por esas calles transitaron no sólo peatones sino que carruajes de los primeros tiempos de la ciudad. Más tarde los recordados tranvías, como el carro Falkenried , que se ve en la foto, lamentablemente desaparecidos. Y, al parecer, será también el destino de los actuales trolebuses.

Hay intentos de remodelar la Plaza Aníbal Pinto. Es de esperar que no sea una aventura urbanística que deje el lugar tan mal como ha ocurrido en otros sectores de la ciudad.