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Martes 7 de septiembre de 2010
Porteños construyen "Plaza del Amor"

Los alumnos del colegio República Argentina trabajan cada día en la Plazuela El Descanso, adornándola con mosaicos con corazones de distintos colores.

Este trabajo creativo lo hacen niños entre cinco y doce años, en sus clases de arte.

La idea de convertir la plaza en un lugar de colores y amor la tuvo Rodrigo Burgos, de 34 años, artista visual que hizo también la "Plaza de los Sueños" en Valparaíso, unos cinco años atrás. Cuando termine este trabajo, la plaza se llamará "Plaza del Amor".

"Nosotros necesitamos amor en este mundo. Los corazones son un lenguaje directo. Es el símbolo más universal que tenemos para mostrar amor", dice Rodrigo.

El artista no quiere que alguien tenga que "interpretar" el mensaje de la plaza, sino que lo entienda cualquier persona, de cualquier país. "Cada persona asocia amor con corazones, porque cada uno de nosotros ya ha hecho algún corazón para mostrar su amor", dice Rodrigo.

Para realizar el proyecto, tuvieron que arreglar la plaza. Le sacaron la primera capa del muro para que los corazones de mosaico no se cayeran. "Ahora los corazones se quedarán para siempre", cuenta Rodrigo con una sonrisa.

Ya han participado más que 300 alumnos en el proyecto, así como estudiantes de la carrera de Gestión en Turismo y Cultura de la Universidad de Valparaíso.

PROYECTO

La idea de crear una "Plaza del Amor" nació tres años atrás. La burocracia y la falta de un donador, causaron que se demorara tanto tiempo.

El bar restaurant "Pajarito" también apoyó el proyecto. "Sin su ayuda, la Plaza de Amor no hubiera sido realizado", dice Rodrigo. Ellos pagaron todos las materiales: la cerámica para hacer los mosaicos, el pegamento para pegar los corazones y los discos de corte.

"Me gusta mucho el trabajo. Es muy entretenido y además me saca de clases", dice Claudio Donoso, de 10 años, que está haciendo su quinto corazón con sus compañeros de clase.

Los niños pintan primero el corazón que les gustaría hacer en el suelo, después llenan este espacio con mosaicos de cerámico. Al final afirman su obra de arte con un scotch y lo pegan en el muro con pegamento para cerámica.

"A los niños les encanta venir y ser creativos aquí. El trabajo les relaja bastante y además aprenden muchísimo", dice la profesora básica, Elia Brunet.

Paul, el profesor de mosaico, licenciado en artes, ayuda a los niños. Les enseña cosas sobre la perspectiva, líneas, combinaciones de colores y composición. "Es un taller completo en realidad", dice Paul.