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Miércoles 13 de abril de 2011
La increíble sangre fría del joven que mató a anciana y luego lloró en su funeral

Su segundo nombre es Jesús, pero el joven de 19 años que el año pasado asesinó en su vivienda de Villa Alemana a Milta del Carmen Collao Bórquez, de 66 años, no tenía nada de santo. Con total frialdad, golpeó hasta dar muerte la mujer, le robó y luego apareció en su funeral, llorando falsas lágrimas de dolor.

Tuvieron que pasar cerca de ocho meses para que se pudiera descifrar este violento crimen, ocurrido la tarde del 31 de agosto de 2010. El martes, tras una larga y compleja investigación y mientras practicaba su deporte favorito, el básquetbol, Iván Jesús Araos García fue aprehendido en un gimnasio de calle Thompson, en Villa Alemana. Se acogió a su derecho de guarda silencio y no ha expresado arrepentimiento alguno por su cobarde acción. Ayer fue formalizado por robo con homicidio, delito por el que arriesga diez años de presidio, y quedó en prisión preventiva durante los cuatro meses de la investigación.

el crimen

Milta Collao miraba televisión en su hogar de calle Baquedano y el anciano sordo al que cuidaba, descansaba en su dormitorio.

Según contó la nieta del abuelo y sobrina de la difunta, M.P.M.T., de 16 años, la mujer no permitía que ningún extraño ingresara a la casa, pero como Iván Jesús Araos García era ex pololo de la menor, cuando lo vio llegar doña Milta lo dejó entrar sin hacerle mayores preguntas.

Claro que el muchacho no venía con intenciones de ver a la adolescente, quien en ese momento estaba en el colegio, sino que robar unas especies de su habitación y posteriormente venderlas. Aprovechándose de la sordera del anciano que habitaba la casa y de su superioridad física sobre Milta, golpeó a la mujer con un balón de gas en el cráneo y le propinó heridas con un arma cortopunzante en el cuello y pecho.

No quería dejar ningún testigo de su delito.

Posteriormente, se dirigió a la pieza de su ex y se llevó un notebook prácticamente nuevo, una plancha para el pelo, una cámara fotográfica, $20.000 en efectivo y algunas prendas de ropa.

venta con sangre

Durante el crimen, el celular de Iván Jesús vibraba sin parar: le había prometido a D.A.O., un joven que hace poco había conocido jugando baloncesto en Quilpué, venderle un notebook, porque "tenía un amigo informático que siempre vendía cosas electrónicas baratas", argumentó.

El joven -quien ha colaborado con la investigación- aceptó comprarle el artefacto y quedaron de juntarse en un paradero cercano a su casa. Como Iván Jesús no le respondía ninguna llamada, pensó que ya no iba a llegar. Pero a las seis de la tarde, lo llamó y le dijo que se juntaran.

Al llegar, el testigo lo miró extrañado porque lo encontró "muy pálido, con sangre en sus manos y manchas secas de sangre en sus brazos".

Le preguntó por qué venía en esas condiciones y Jesús le mintió diciendo que en el camino lo habían asaltado y que de los tres bolsos que andaba trayendo, le habían quitado uno.

El joven se sintió sorprendido, pero le creyó y lo invitó a su casa a tomarse algo. Además, le presentó a su familia y le prestó el baño.

SANGRE FRÍA

Mientras Jesús vendía las especies robadas, la sobrina regresaba de clases a su casa y se encontraba con una escena dantesca: su tía yacía en el suelo de la cocina, en un charco de sangre. El abuelo no se había percatado de nada de lo ocurrido y la niña corrió a su pieza a contarle por señas la mala noticia. Luego fue a su habitación y vio todo el desorden. Dando gritos, salió a la calle a pedir ayuda.

Y tal como ocurre en las películas, el homicida regresó a la escena del crimen y, en forma fría y calculadora, intentó consolar a la adolescente, apoyándola en este momento difícil que él mismo había causado.

Como si fuera un detective, observó las manchas de sangre en el piso y comentó que las huellas que estaban en el suelo eran de "zapatillas de flaite".

En los días siguientes, Iván Jesús fue al velorio y al funeral y lamentaba delante de los periodistas la muerte de la abuelita.

PISTAS

Gracias a la investigación realizada por la Brigada de Homicidios de Valparaíso, con un GPS se pudo rastrear las llamadas del celular del homicida y se encontró la caja del notebook nuevo, que coincidía exactamente con el que Jesús había vendido.

También fueron halladas las zapatillas que usó en el crimen.

"Fue una investigación de largo aliento, no había testigos y el imputado declaró en un primer momento con nosotros, donde aparte de negar su participación tergiversó los hechos para desviar la investigación, pero conseguimos evidencia en su contra", dijo ayer el jefe de la BH porteña, comisario Víctor Arriagada.

El joven se acogió a su derecho de guarda silencio y no ha expresado arrepentimiento alguno por su cobarde acción.