sábado 22 de mayo de 2004

Víctor Domingo Silva sigue "al pie de la bandera"

El poeta coquimbano, luciendo la bizarra estampa que eligió para asistir a entrevista concedida a Revista Zig Zag en 1935, cuando llegó del Chaco.

 

Por Sara Vial

 

La verdadera vida de los poetas es su obra. Por eso, aunque Víctor Domingo Silva murió hace muchos años, su obra, encarnada en uno de sus poemas más populares, "Al pie de la bandera", sigue en pie, mejor dicho, en su mástil.

Él encarna, como pocos, al poeta de la patria. Esos antiguos poetas en quienes parecía palpitar toda la geografía y el cielo histórico de Chile. Sus poemas resucitaban en fechas de antiguas epopeyas y próceres, y en los colegios no les era difícil a los maestros formar el alma de sus alumnos en esa atmósfera que dichos poemas creaban en torno a valores que no morían.

Los libros escolares eran por tanto una especie de entrada no sólo a la chilenidad de la poesía, sino a la chilenidad misma. Esa que hoy parece habérsenos escapado como una cervatilla boscosa o cordillerana.

En ellos, escuchamos por primera vez las épicas estrofas de "Al pie de la bandera", de Víctor Domingo Silva Endeiza y, aún pequeños, la emoción poética se nos hizo presente de un modo diferente. La bandera no era un trapo que se izaba en un asta, porque sí. Muchas cosas iban implícitas en el ritmo vigoroso de esas estrofas y lo que esa estrella nadando en el viento nos sugería, era el primer atisbo de lo que somos. Podíamos no saber explicarlo. Pero lo sentíamos.

 

POETA, DRAMATURGO, NOVELISTA, PERIODISTA

 

De este hombre de espíritu múltiple, dijo el poeta Daniel de la Vega, coincidiendo con el comienzo de nuestra crónica: "... Por eso, Víctor Domingo Silva, más que el valor de un poeta independiente, tiene la significación de una bandera".

Esta bandera oceánica estuvo en épocas muy ligada a Valparaíso, donde transcurrieron años de su vida.

Una extensa biografía de más de trescientas páginas, nos abre el paisaje de la vida de este poeta olvidado, nacido en 1882 y fallecido en Coquimbo en 1960. Obra del profesor y licenciado en Historia, Fernando Venegas Espinoza, de la Universidad Católica de Valparaíso, su serio contenido será de utilidad a las nuevas generaciones que comprenden que la memoria de la cultura abarca especialmente el pasado y que si de pasado se trata, en él siempre tendrán cabida y honor los poetas, sean de cualquiera época.

En nuestro país va de crecida el género biográfico, que tiempo atrás parecía no contar con grandes preferencias entre nuestros escritores o académicos. Sin embargo, toda biografía, por ser la historia de una vida, posee particular encanto y despierta el interés del lector. También las autobiografías, aunque menos neutrales, son un género de lectura creciente.

 

ABRAZADO A LA BANDERA AL FINAL DEL MOLO

 

Esa es la única visión que algunos porteños mantenemos del poeta Silva Endeiza, que se atrevió a muchas cosas, incluso a ser diputado en el 1900. Hay una caricatura al respecto, que no falta en este libro. Poeta que se emparenta con la política, no puede sino sobrellevarlsa como un timbre que en Chile fue muy popular, y que fue decayendo. No se sabe si por falta de buenos caricaturistas... o de buenos políticos.

Íbamos en el abrazo a la bandera.

Esto fue a fines de los años '60, cuando en Valparaíso se efectuaban verdaderas fiestas de la poesía, con la asistencia de los mejores poetas chilenos, que llegaban de Santiago y de sus provincias a las escuelas de verano que se efectuaban en el Aula Magna de la Universidad Santa María. En una ráfaga, veo a Jorge Teillier, a Alberto Rubio, a Juvencio Valle, a Coloane, poeta de los tempestuosos mares, y a una marea de jóvenes novelistas, junto a no menos jóvenes poetas y poetisas. Inolvidable fue aquella que se inauguró en el Molo de Valparaíso, organizada por Julio Barrenechea, me parece, y que la Escuadra formó una especie de guardia, una nave junto a la otra, provista de parlantes por los cuales brotó la bella voz de María Maluenda recitando precisamente el relampagueante poema de Víctor Domingo Silva, "Al pie de la bandera". El molo de abrigo no estuvo nunca más saturado de poetas, novelistas, y aspirantes de poetas que se colaron como curiosos. Todos, sin embargo, debimos soportar una tupida llovizna que nos mojaba las pestañas, en tanto la recitadora prodigaba sobre el mar las conocidas estrofas y el propio poeta, ya muy anciano, iba izando lentamente la bandera, colocada en su mástil al final del molo.

Yo no sé en qué estaban pensando los fotógrafos de Valparaíso y Santiago en esa ceremonia poético-marítima que no volvería a repetirse por los siglos de los siglos. ¿Dónde están las preciosas tomas que debieron aparecer en diarios y revistas? Si en vez de escritores se hubiera tratado de nudistas, bailarinas, rock pesado o travestis, los reyes del lente se habrían caído al mar captando la escena, aunque puede que hubiesen llegado provistos de salvavidas. El propio y recio molo habría temblequeado con tanta gente arriba. Pero no. Sólo era un viejito poeta, al borde de las grises olas, tratando de llevar la bandera al tope, como lo hizo con su propio poema.

Un momento estelar para el mar y la poesía.

Pero la emoción fue más fuerte y el gallardo marinero que a su lado lo escoltaba en el izamiento, reaccionó con la agilidad de un delfín cuando el anciano poeta, ya abrumado por la circunstancia, sintió flaquear sus fuerzas y sufrió un vértigo que, con un marino distraído... habría desaparecido en el mar. No sólo lo sujetó muy a tiempo, sino que, como si nada pasara, continuó izando la bandera, en concordancia con las últimas estrofas del poema que María Maluenda emitía por los circundantes altoparlantes.

Sin duda lo he recordado otras veces, pero nunca como ahora se me da tan viva la escena, como si me hallara todavía en el molo, bajo la llovizna y rodeada por ese otro mar de poetas y escritores que se tapaban la cabeza con los diarios de la mañana.

El poema "Al pie de la bandera" fue compuesto en 1912. ¿Quién lo recuerda con su compás ondeante de ola en embestida? ¿Quién la piensa, al margen de lo que nada tiene que ver con ella, como cuando el poeta nos lo recuerda en esas palabras?

 

"O BANDERA, LA QUERIDA, LA SIN MANCHA, LA PRIMERA"

 

Y para el joven estudiante que pregunte hoy día "¿quién era Víctor Domingo Silva"?, este libro en su memoria nos ayudará a contestarle, si estamos cerca.

"Él fue el poeta que, cuando Gabriela Mistral ganó los Juegos Florales con sus 'Sonetos de la muerte' y no tuvo el valor de subir al proscenio a recibir el premio, por la humildad de su traje, mirando la ceremonia desde la galería... fue el joven y apasionado poeta Víctor Domingo Silva quien, con entera voz, dio lectura a los sonetos premiados, reemplazándola en el proscenio".

Esta biografía destaca la forma, la facilidad que tuvo el poeta Víctor Domingo Silva para acercarse a la gente, para ser querido por ella, en aquella primera mitad del siglo XX.

"Si esa llegada era tan grande", nos dice el autor de la obra, colocándolo junto a Daniel de la Vega, "ello debería llevarnos a concluir en que eran los mejores intérpretes del sentimiento popular. Los mejores representantes de su época".

Y bueno, agrega, cómo no iba a llegar a la gente con poemas como "La pena de Fermín".

 

"Patrón, yo la quería

y ella era güena, se lo juro yo,

pero su padre, on Chuma, el que tenía

en el bajo un chinchel, me la negó".

 

Pero sin duda su libro "Romancero Naval", escrito en 1910, es más apto para releerlo en esta fecha, en que ese poema sin semejanza que escribió Arturo Prat con sus hombres y su Esmeralda en el mar de Iquique, nos canta y llora en el oído de la memoria verdadera.

 

UNA SOCIEDAD MUY DIVERSA

 

Bernardo Subercaseaux se refiere a ese fenómeno y esa popularidad enmarcadas en una sociedad diferente a la nuestra.

"Hoy la poesía es un género narcisista, leído fundamentalmente por poetas. En las primeras décadas en cambio, la poesía jugaba un rol importante en la educación, que tenía como uno de sus ejes el aprendizaje, memorización y recitación de poesías. Era importante como recurso nemotécnico para ejercitar la memoria, pero también para mejorar la dicción y oratoria. En una casa, cuando se quería exhibir los adelantos de un niño ante los invitados, se le pedía que recitara o declamara un poema. La poesía era también considerada parte del lenguaje amoroso: las esquelas poéticas y los poemas dedicados a la 'amada' seguían siendo una práctica frecuente. A menudo los periódicos y revistas, bajo el retrato de una debutante o una fotografía cualquiera, colocaban una leyenda o un pie de página en verso. La poesía por lo tanto formaba parte de la infancia, de la vida familiar y de la vida social de un modo que hoy día se nos escapa".

Cuántas páginas que ahora debemos cerrar, imposibilitados de seguir espigando en ellas como en un soleado pasar. En todo caso, ese poeta de melena leonina, ese corazón que no temió ser él en ninguna circunstancia, pertenece a lo más nuestro. Y anda tan decaído lo nuestro, que dedicarle este sábado, hermoso por pertenecer al mes del 21 de mayo, que él debe haber abrigado especialmente entre sus añoranzas, ha sido una forma sencilla de persuadirnos que no cuesta nada adentrarnos en nuestra chilenidad, en nuestros valores, y reanimarla un poco, aunque sea escuchando los pitazos de los barcos de Valparaíso, que lo alentaron, cuando era ya viejecito, en un momento que se nos quedó como una ventana iluminada, en el marco de la memoria. Desgraciadamente, a los pocos meses de esa ventana triunfal... Víctor Domingo Silva murió de una bronconeumonia, en Santiago, no faltando los santiaguinos que nos echaron la culpa a los porteños por exponerlo a la lluvia, el frío y el vértigo marinero del molo. Pero, quizás esa mañana lluviosa, haya sido el recuerdo más hermoso que se llevó de esta ciudad en la que realizó diversas actividades y vivió en una casa llamada "La pajarera verde". Con el poeta Zoilo Escobar oganizó aquí los primeros Juegos Florales. Vivió un tiempo en Iquique. Se casó en Valparaíso y su hogar estuvo en Limache, donde nació su primer hijo.

Trabajó en El Mercurio de Santiago. Y dan ganas de seguirlo conociendo...

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22/05/2004