sábado 05 de junio de 2004

Concha Zardoya ha muerto en Madrid

El Valparaíso de Concha Zardoya.

 

Texto y fotos de archivo de Sara Vial

 

El cable fue escueto: "Falleció anoche en su casa de Majadanhonda, Madrid, a la edad de 89 años (el 22 de abril de 2004), la poetisa Concha Zardoya. Sus restos serán incinerados en el cementerio de Alcorcón. Su último libro publicado hasta la fecha fue 'Ronda del arco iris', treinta y seis poemas dedicados a los niños".

 

SU NACIMIENTO

 

Para nosotros los porteños, no es más sorpresiva su muerte que su nacimiento. Pues esta Concha Zardoya, autora de una profusa obra literaria, amiga de grandes escritores a nivel mundial y ganadora de numerosos premios... había nacido en Valparaíso.

El 14 de noviembre de 1914, en el primer puerto de Chile y mientras en Europa la Primera Guerra lanza sus obuses, en nuestra orilla marinera falta poco para la Navidad. Tras esa niña que llega desde tan lejos, como si hubiera elegido con su pequeño dedo este remoto lugar en el mapa, iban a estar presentes, en menos de treinta días, después de cruzar todos los desiertos, los tres Reyes Magos. Como acá todavía creíamos en el Viejo de Pascua, bien poca importancia le íbamos a dar a la inminente llegada de los Reyes Magos, al mes de su nacimiento. Sin embargo, esta vez ellos venían cargados de dones muy particulares, para una personita también particular. Nadie los vio cuando llegaron ni cuando se fueron. Pero la frente de la niña, en brazos de sus padres, pues probablemente se trataba de su bautizo, recibió de algún vitral un rayo de luz, en señal de algo que todos atribuyeron, como es natural, en el caso que lo hayan atribuido, al efecto del sol o la luna en los vidrios del templo.

 

COMO EN EL CUENTO DE LAS HADAS BUENAS

 

Y tal como en el cuento de las hadas buenas, esa niña recibió en ese instante los dones de la poesía y el ensueño, que fueron el regalo de los Reyes Magos para ella. Felizmente no hubo una hada mala, como en el cuento de la princesita, y ningún mal conjuro cayó sobre la niña con nombre de Concha de mar y anuló esa bella carga de dones del espíritu que iba a acompañarla toda su vida y a crecer dentro de ella, desde Valparaíso, como desde un lugar también un poco mágico.

Conchita, con su nombre submarino, era una niña porteña más, en aquellos años en que su infancia y adolescencia crecieron desarrollando fuertemente su temperamento. Pero al morir su único hermano, Alfonso, en la Primera Guerra, y quedar sólo con sus padres españoles, navarros y cantábricos, en esta ciudad hecha de ascensores y callejuelas, prendió en ella con mayor fuerza la creación poética y ensayística.

Según Estella Manuat, "el nacer de los españoles en tierra americana y el hecho de haber vivido allí los primeros 18 años de su vida, el encuentro con un país intuido a través de memorias familiares y lecturas, el paso de la infancia cálida y colorista de Valparaíso a una tierra castellana dura en conflictos; la interrupción de los estudios de Filosofía que seguía en Chile y el enfrentarse bruscamente a la cruda realidad del hambre y la miseria (se fue de Chile en 1931), durante la República Española, iban a ser temas de inspiración para Concha Zardoya Gonzales".

Se fue con sus padres desde Valparaíso, esa ciudad con la que debe haber vivido una vida que lamentablemente ignoramos si dejó impresa en algunas memorias juveniles. Primero a Zaragoza, en España. De ahí pasaron al puerto de Barcelona y por último, se radicaron en Madrid. Y es allí, qué duda cabe, donde su talento se enriquecerá, aumentará el número de sus obras y, seguramente... la nostalgia de un puerto llamado Valparaíso quedará para siempre en su alma. Son muy fuertes las visiones y sensaciones que recogemos de niños. Cuando la joven porteña de sangre española dio la última mirada a ese anfiteatro de cerros de la un día llamada Perla del Pacífico (que seguramente no volvería a ver), ojalá haya habido cerca de su mano ese cuaderno que no debe abandonar a los escritores, para ayudarlos a sostener el instante que se va sin remedio. Tal vez sí. ¿Cómo saberlo? Bastante imaginación estamos tratando de encontrar en favor de esa niña cuyos pasos conocieron los adoquines de Valparaíso, el canto de sus agüateros, el ascenso de los caballos de los "gringos" del cerro Alegre, los "cochecitos de sangre" que pudo llevarse en fotografías que cruzarían el Atlántico. No olvidemos que era la época en que la Belle Epoque se paseaba con su manto y su larga falda y que incluso muchas damas porteñas asistían al templo con hermosa peineta de carey española.

 

NOS ENCONTRAMOS EN LA PLAZA VICTORIA

 

Esta futura conocida escritora de la Madre Patria, me aparece de pronto en un cuadro de Guillermo de Torre, o llevando sus quince años por la entonces bellísima y elegante plaza de la Victoria. Trato de pensar si vivió en una o varias casas en todos esos años, antes de irse. ¿Quiénes serían sus amigos? Desde luego, los españoles de Valparaíso... 15, 18 años... ¿Algún pretendiente que la esperaba tras la reja de madreselvas de una casa del cerro Alegre o el Paseo 21 de Mayo? ¿Se fue con su corazón intacto o con alguna heridilla que iba a envolverse en bruma, a medida que pasaba el tiempo? ¿Tuvo algún novio que desapareció en un barco, al que vio dos veces y no olvidó en la vida? Es muy larga la cortina que cierra su paso por Valparaíso, al que dan ganas de buscar con sus archivos, como porteños que somos. Como en aquel poema de su libro "El don de la simiente", cuando dice:

"En otra orilla estás, en donde sueñas

con el Sur y sus aguas de ceniza,

con montes grises y árboles desnudos,

con las dolientes brumas de las rías,

los tristes charcos negros de las lluvias

y el largo, largo viento que gemía".

 

SU PRIMER LIBRO

 

Su primer libro tuvo un nombre sugestivo: "Pájaros del nuevo mundo". Un hermoso nombre sin duda. A todo esto, también fue destacando en el mundo como ensayista, profesora y traductora. Estudiosa de Filosofía y Letras en Madrid (del '34 al '36), luego iba a llegar la Guerra Civil Española, que la obligó a dejar sus estudios. Sin embargo, reinició sus estudios y se licenció en Filología Moderna. Publica poemas en España, hace clases y traducciones, escribe "Cuentos del antiguo Nilo", prólogos de obras clásicas, guiones de cine y series de lecturas juveniles bajo el nombre de Concha de Salamanca.

También viajó a Estados Unidos como profesora de Literatura Española en la Universidad de Illinois. Allí se doctora con la tesis "España con la poesía americana" y trabaja en numerosas universidades: California, Yale, Indiana, Boston, etcétera.

Luego vuelve a España definitivamente, a Madrid, el año '77. Es en esta capital de sus ancestros, donde Concha Zardoya dará plena expansión a su pluma. Su obra "Por debajo de la luz", la hace ganar el Premio Boscán de Poesía. Luego el Premio Fémina, como si no fuera una fábula que los Reyes Magos viajaron a Valparaíso a llenarla de dones. Son muchos los libros. Muchos los premios, y muchos los grandes amigos.

 

NERUDA PREGUNTABA POR ELLA

 

Tuvo amigos de esta calidad: Gabriela Mistral, Neruda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Miguel Hernández (que en la guerra civil española sólo soñaba con huir a Chile para salvar su vida). Un dato importante y que reservamos para el final de esta crónica acerca de esta porteña-española, o chileno-española, es que fue la gran traductora de las obras del poeta norteamericano Walt Whitman.

¿Lo sabía usted, aún habiendo nacido ella en nuestro puerto? Digamos (que tan pocos la "conocíamos" en Valparaíso) que fue compañera de generación de Gabriel Celeya, la poetisa española Gloria Fuertes, José Hierro, García Nieto, Eugenio de Nora y muchos más.

Dicen que al conocer su muerte, que sin duda está más fresca de lo que pensábamos, el español Leopoldo de Luis rompió a llorar. "Ha desaparecido una poetisa excepcional", declaró, "su poesía estaba llena de preguntas sobre la condición humana; ella inició un tono propio de la posguerra española y representó la poetización de las cosas sencillas".

España la recuerda con bibliotecas públicas.

Valparaíso, con el viento helado del otoño, que no leyó ninguno de sus cuarenta libros, y que a lo mejor es tan callejero, porque todavía anda en busca de una placa para ella, que sueña ver colocada en alguna parte... isiquiera en recuerdo de su amistad con su amigo, Neruda, que pronto cumplirá cien años!...

Concha Zardoya escribió un ensayo sobre La Araucana, lo que demuestra que supo entrelazar las diversas culturas que dominó con su palabra escrita.

Hemos obtenido unas fotografías de ella que nos habrían gustado ver a sus 17 años en Valparaíso. A lo mejor de pie en la Piedra Feliz, al llegar a Playa Ancha, cuando era sólo una niña. O acodada en alguno de nuestros miradores, en espera de decirnos adiós, mirando la ruta nunca escrita del mar.

Si nos pusiéramos a buscar a todos los aquí nacidos, de los que tan poco sabíamos, no cabe duda que los encontraríamos. Aunque sea para saber que, a lo mejor, podemos llamarlos, partes una vez, en alguna forma, del patrimonio intangible del viento o las nubes de Valparaíso.

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05/06/2004