viernes 23 de abril de 2004

Anton Reisenegger, vocalista de Criminal: "No tenemos que probarle nada a nadie"

Los metaleros extremos están de vuelta en el país, para presentar el próximo 30 de abril en Valparaíso su más reciente álbum, "No gods, no masters", grabado en Inglaterra

 

Por René Cevasco M.

 

Criminal es toda una institución del metal extremo nacional. Gracias a su líder, guitarrista y vocalista Anton Reisenegger, el grupo se emparenta directamente con Pentagram, uno de los fundadores del movimiento en el país, junto a los aún vigente, los locales Belial.

Precisamente fue junto a Belial, en el Gimnasio de Quilpué (1993), cuando por primera vez vimos a Criminal en vivo, destacando por la solidez de su puesta en escena y el respaldo de un demo para entonces bastante profesional, como era "Forked".

Así, con cedés como "Victimized" (1994), "Dead Soul" (1997) y "Cáncer" (2000), más algunos epés hoy de colección, Criminal trazó una carrera que continúa en Inglaterra con "No gods, no masters" (Metal Blade–Warner), un discazo que se mueve entre el grindcore, el torbellino del trash y pasajes sinfónicos pero brutales.

Además de Anton, el grupo actual está formado por Rodrigo Contreras en segunda guitarra, Zac O"Neil en batería y Mark Royce en teclado, quienes visitarán Valparaíso el próximo viernes 30 de abril, para estrenar su más reciente placa, tal como nos comentó desde Alemania Anton Reisenegger.

-¿Qué cambia y qué continua en el Criminal 2004?

-Hoy la formación es otra. Incorporamos teclados, y estos cambios han hecho evolucionar el sonido de la banda. El disco nuevo es una mezcla entre lo que era el sonido clásico de Criminal, por decirlo de algún modo, como "Dead Soul", ya que tiene riffs parecidos, pero también con estos elementos nuevos, como una batería más "embalada" y teclados que crean atmósferas y mucho más poder. Tratamos que la composición fuera más entretenida y no quedarnos en el esquema típico de estrofa-coro-estrofa-solo-puente, etcétera. Los cambios de ritmos están metidos donde la gente lo espera menos, para tratar de hacer la cosa un poco más interesantes.

-¿Son quiebres muy violentos?

-Algunos sí. Hay canciones que fluyen muy fácilmente, pero otras son más difíciles de seguir. Eso me interesa para que la gente tenga que escuchar un par de veces más el disco, para "cacharlo".

 

Un grito de independencia

 

-En Criminal hay miembros de bandas europeas interesantes, ¿cómo lograste incorporarlos?

-Cuando me fui a Inglaterra, una de las primeras personas que conocí, fue al vocalista de Extreme Noise Terror, que es una banda emblemática del grindcore y hardcore británico. Ellos necesitaban un guitarrista para su gira y me preguntaron si la quería hacer. Me aprendí los temas y me fui con ellos. Ahí conocí al baterista Zac, que estaba buscando otros horizontes, ya que le estaba quedando chico el esquema del grindcore. Le mostré lo que había hecho con Criminal y le gustó. Me dijo de inmediato que si necesitaba un batero, contara con él. "Yo toco en todas", me dijo. Resulta que él tenía un proyecto en carpeta con Rob Eaglestone, de Cradle of Filth, y Marck Royce, de Entwined; ambos ya eran ex integrantes de esas bandas. Ellos tenían pensado algo más industrial, como riffs más trasheros tipo Fear Factory o algo así. Entonces surgió lo de fusionar Criminal con la idea de ellos. En ese momento, Rodrigo no estaba en Inglaterra, y comencé a tocar con los otros tres. Salió una onda bien interesante, no tan tirado a lo industrial como lo habíamos imaginado, sino que rescatando más elementos del Criminal que venía de Chile. Rodrigo pescó su guitarra y se vino, y la cosa tomó más forma, empezamos a tocar en vivo, y de ahí llegamos a hacer el disco.

-Cuéntanos sobre las letras de "No gods, no masters"

-Todo está hecho en inglés, porque hubo colaboración con los integrantes nuevos, pero se trata un poco de la misma línea de antes. Siempre es un grito de independencia y no dejarse llevar por las corrientes religiosas, políticas, e incluso musicales. Para mí fue importante trabajar esta experiencia de cambiar de un país a otro, cortar vínculos y tratar de buscar tu identidad en otra parte. Eso está bien reflejado en las letras.

-"Ni Dios, ni amo", ¿tiene alguna relación con el discurso del anarquismo punkie?

-Sí, de ahí lo sacamos de hecho. También es un poco un saludo a las bandas de hardcore antiguas. Para mi gusto, la influencia que tuvo el hardcore en los '80, en los grupos metaleros, fue importante.

-¿Como Slayer?

-O Metallica incluso. Esos grupos comenzaron a hablar de la realidad y dejaron la fantasía. Toda evolución del trash en los '80, estuvo completamente influenciada por el hardcore, y según mi opinión, hace falta una revolución como esa. De nuevo se están yendo a las temáticas de fantasía y está bien si está bien hecho, pero no significa nada, y eso para mí no tiene valor.

 

Nada que probar

 

-¿Fue difícil acceder al sello?

-Nosotros llevábamos una colaboración de años con Metal Blade, porque ellos sacaron "Dead Soul" en Europa. Eso fue a través de la oficina norteamericana, pero siempre hubo un vínculo y una mejor colaboración con la filial de Europa, que también editó "Cáncer". Cuando les pregunté si querían sacar este disco nuevo, dijeron altiro que sí. La colaboración ha funcionado bien en cuanto a prensa y nos mandaron de gira hace poco con Six Feet Under. Es interesante encontrarse en los conciertos con gente que tiene los otros dos discos y nos viene siguiendo un poco. Eso significa que, aunque sea pequeña, ya tenemos una base para construir algo.

-A fines de los '90, la tendencia en el metal fue bajar la velocidad, incluir teclados y en lo posible incluir vocalistas femeninas. Lo gótico se fusionó en los distintos estilos, y en Chile grupos como extranjeros Angra o The Gathering la llevan. ¿Europa ya viene de vuelta en eso?

-Creo que esa onda viene bajando un poco, tuvo su peak hace unos tres años o más. Es que se satura el mercado. En Europa hay lugar para todo. Vas a un festival y ves desde las bandas black metal más extremas, hasta las que mezclan hip hop con metal. Algunos estilos en un momento se ponen más de moda. Salen dos bandas importantes que tienen algo que decir, y los sellos contratan un par de bandas más que suenan parecido, para vender e ir llenando el mercado hasta que la gente se aburre,y ahí llega la siguiente onda. Los grupos que al final permanecen en el tiempo, son los que tienen algo que decir.

-En Chile Criminal tenía un sitial bien alto, ¿el hacer el trabajo afuera, los consagra como un grupo de primera división, por decirlo así?

-Creo que estamos en eso. Igual tengo unl problema con que, para ser alguien en Chile, haya que serlo afuera. No lo creo. De hecho, los gustos de la gente en Chile son distintos a los de acá. Si a una banda le va mejor allá que acá, o al revés, no tiene que ser porque le fue mejor o peor en Europa. El público chileno se valida poco como público cuando dice "esta banda me gusta, pero cuando sea realmente grande en Europa, va a ser digna". Te puedo decir claramente que en Europa no somos una banda top, pero estamos trabajando el disco, estamos en la prensa y estamos tocando. En Chile ya hicimos el trabajo, y tocamos hasta en el último local que había. Hicimos las tareas y ya nos graduamos. No tenemos que probarle nada a nadie.


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23/04/2004