 El paisaje de los cerros identifica la obra de Gustavo Alvarado |
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por Carlos Lastarria Hermosilla En la Casa de la Cultura de Limache se presenta una muestra colectiva que reúne a doce pintoras y pintores de la región. El abanico de nombres va desde algunos de larga trayectoria en el medio regional, nacional e incluso internacional hasta los que componen las generaciones más recientes pasando por otros que ya llevan más de veinte años de participación en las actividades artísticas. Además las expresiones son diversas y van desde la figuración hasta el informalismo. Lo interesante radica en que el público de esa comuna y las de los alrededores tienen la posibilidad de conocer de cerca a un conjunto de artistas cuya figuración en los medios es constante. Reunir un grupo así no es tarea fácil, más aún que la muestra presenta una imagen coherente indicando al espectador cuáles son las identidades que afloran tras las pinturas que se exhiben. Cada uno de los pintores participantes se ha hecho representar por una o dos obras de reciente elaboración. Por ello su presencia está actualizada, vigente y con responsabilidad ante el medio que los cobija. Un recorrido encuentra a Gustavo Alvarado con su temática del paisaje de los cerros de Valparaíso. Una paleta de muchos colores y soltura de trazo que evidencia su tradicional rapidez de ejecución. José Esteban Basso exhibe un paisaje donde la síntesis del motivo y el concepto se reflejan en grandes planos y mínimos elementos. Orielle Bernal tiende a lo surreal sin elementos figurativos reconocibles y mucha textura y abundancia de pastas, donde el movimiento de las formas es continuo aunque tiende a obscurecer sus motivos. Giancarlo Bertini trabaja en grandes planos de color intenso y sobre esa superficie incorpora elementos figurativos. Como artista tiene una proyección interesante y una marcada expresión que le identifica dentro de la gente joven de la región. Camilo Carrizo es un maestro de las naturalezas muertas, las que ejecuta con un fuerte sentido expresionista, especialmente en las técnicas de acuarelas y témperas. Edith Sánchez con sus ascensores lleva a la tela esos viejos artefactos patrimoniales que funcionan más por costumbre que por mantención. Diferente es Carmen Fajardo, que cambió su temática de tipo paisaje cósmico, hoy se orienta por paisajes más terrenales, pero manteniendo su formato horizontal y la composición en planos, pero en un universo netamente figurativo. Luis Labraña está inmerso en un informalismo total que incluso le hace saturar el espacio de trazos que se confunden con el color en un exceso de vibración. Alberto Ludwig se hace presente con un motivo que tiene que ver con su concepto del paisaje del norte con el mínimo de elementos y también con colores planos acentuando la soledad del ambiente. Humberto Parada nos lleva al interior de las degustaciones mórbidas siendo cercano a violentismo de la pintura de Bacon y los españoles del siglo de oro (Velázquez y Goya). En ningún caso busca agradar, pero si conmover y conmocionar al espectador. Víctor Schehadeh es fiel a su concepto surrealista de connotaciones de crítica social y al mundo de las apariencias. Sin olvidar la ironía contra ciertos valores comunes y aceptados. Cierra el grupo la pintora Bruna Solari. Destacada por su expresionismo y por las formas que asume la figuración, ya sea en las naturalezas muertas, los retratos o los interiores en que dignifica pequeños aspectos tanto con el color como con la composición. Es en suma la muestra un compendio de destacados artistas reunidos en una señorial y patrimonial casona que representa el viejo Limache, el que tanto motivó en su momento a pintores de la envergadura de Juan Francisco González y Alfredo Helsby. |