 ¡Qué triste espectáculo el brindado en los dos estamentos más importantes del Congreso Nacional en los últimos días! Lo ocurrido el martes en el Senado de la República, con ocasión de la lectura de la carta de renuncia del senador Augusto Pinochet y la verdadera batahola producida un día después en la Cámara Baja donde se discutía la acusación constitucional en contra del intendente metropilitano Marcelo Trivelli, son cosas que no dejan -una vez más- bien parados a los representantes de la ciudadanía en el edificio legislativo. Más bien, demuestran cómo no se debe hacer política y le dan la razón a ese millón de jóvenes que no muestra interés por inscribirse en los registros electorales por su visión que tiene del tema. Es lamentable lo que pudimos apreciar por la televisión y que seguramente dio la vuelta al orbe como dos de los hechos más curiosos ocurridos en la semana. Chile, otra vez, hace noticia negativa y se muestra al mundo como un país que busca su destino, pero que cae en este tipo de hechos que en nada le ayudan al prestigio internacional bien ganado en otros terrenos. Lo ocurrido debe llamar a la reflexión a quienes ostentan cargos tan importantes y en quienes miles de personas han depositado su confianza, tanto en la Cámara Alta como en la Baja del Congreso Nacional. Son muchos los problemas que aquejan a nuestros habitantes, las cosas por resolver en las ditintas regiones del país y a las que se les debe "hincar el diente", por sobre las diferencias políticas, que son legítimas, pero que no deben postergar los temas más relevantes. Ahí están las cifras del desempleo, de la pobreza extrema, la seguridad ciudadana cada vez más expuesta al peligro, que son desafíos aún no resueltos y que deben ser prioritarios para los legisladores. Es hora de pensar y actuar con seriedad para dar con las soluciones a lo que la gente realmente le interesa y no caer en situaciones como las señaladas, que no deben darnos sino vergüenza. Lo ocurrido no resiste el menor análisis ni discusión, porque estamos seguros que a través de este comentario interpretamos a millones de chilenos aburridos de la politiquería, de discursos demagógicos y promesas incumplidas. Lo que se requiere no es otra cosa que responsabilidad y, en ese sentido, los honorables parlamentarios le deben una explicación al país.
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