 Cuando se supo lo del hundimiento de la losa que cubría los estacionamientos subterráneos del flamante hotel que construye el Casino de la Ciudad Jardín, es probable que muchos hayan pensado -si es que no lo han hecho antes- que Viña del Mar está bajo algún mal hechizo. No es para menos: Se desplomó algo recién hecho y cuando los viñamarinos, al fin, veían con agrado cómo se erguía la atractiva construcción casinera. Puede haber sido un descuido, un mal cálculo, una mala mano de obra. No importa, el hecho es que sucedió. En sí digamos que felizmente no tuvo mayor gravedad, especialmente porque no hubo víctimas que lamentar. Pero se suma a una serie de situaciones desafortunadas para la ciudad que se han ido acumulando en los últimos años. Viña, por décadas, se caracterizó por ser una ciudad progresista, que avanzaba a todo tranco, los obstáculos eran salvados con rapidez. Basta recordar que en la década del 50 sólo tenía dos edificios de cuatro pisos (el Couve y el Viña del Mar ) y el resto sólo eran casas. En cambio ahora, cuando se supone que la ciudad está definitivamente consolidada, todo cuesta. Lo que antes se hacía en un mes, ahora tarda un año. Lo del Miramar es un ejemplo casi patético y el sólo ver esas ruinas, hace pensar que Viña se estancó. El Hotel O'Higgins no es ni la sombra de lo que fue. Y, ¿cuántos años lleva Viña discutiendo por la construcción de un edificio consistorial? La IV Etapa, un proyecto o idea que se arrastró por tres décadas, recién está saliendo y, pese a los trastornos que produce, como que es aceptado con resignación porque "al fin" se está haciendo. ¿Y el Everton? La misma institución que en lo señalados años 50 dio dos títulos a Viña, ahora no sólo da tumbos, sino que los da en segunda división o "Primera B", como se le llama casi eufemísticamente a esta serie. ¿También sufre la jetta viñamarina?. En los últimos ocho torneos ha estado siete en la serie B y sólo uno en la A (año 2000, en que descendió de inmediato). O sea, Everton, representante de una de las ciudades más importantes y "exportables" del país, se puede considerar como club de segunda y, tal como están las cosas, no se ve por dónde pueda remontar institucional y deportivamente. Esto no es una crítica a las actuales ni anteriores autoridades viñamarinas; es una simple muestra de lo que ha estado sucediendo en los últimos años a niveles macro, porque si fuera por nombrar hechos y obras menores que han sido problemas, faltaría espacio: Gimnasios nuevos que se llueven, concesiones que fracasan, esteros que se desbordan, alcaldes destituidos, proyectos que se hacen y se rehacen indefinidamente como el de la calle Valparaíso. Como diría el chilote: No creo en brujos, Garay, pero que los hay, los hay.
|